viernes, 22 de febrero de 2013

Las zapatillas y el espacio tiempo




Caminando con unas zapatillas ½  número mas grandes por esto de dejar espacio para las plantillas con arco y botón,  aptas para pie plano, sentía basuritas dentro de mis pies y las zapatillas, un espacio  físico donde habían, evidentemente, objetos que empezaron a molestar, como la vieja piedra en el zapato.
Detengo la caminata en el punto 0 de un banco del parque y allí me siento.
Pensé ¿ ½  número será un tamaño tan grande para que objetos extraños se metan en las zapatillas?

Al descalzarme y sacudir las zapatillas,  fui testigo de algo que los físicos conocían y que yo ignoraba.
En efecto,  ½  número es un espacio tiempo muy grande.
A medida que sacudía las benditas zapatillas, iban saliendo por el lomo de una  trayectoria curva,  diversos objetos,  los cuáles, iban cayendo conformando otro espacio tiempo distinto del espacio tiempo del parque y distinto a su vez del espacio tiempo de la caminata.

Poco a poco iban cayendo como en un agujero negro todos aquellos objetos:
 ramitas, hojitas, un racimo de la  familia Tricofitón, un cacho de uña  del dedo meñique, las alas rotas de blackbird, la media cola de la paloma de los argonautas, restos del diluvio de Decaulión, los dos últimos días de la lluvia de Macondo, una bala servida de la policía, un disco de vinilo, un corcho de vino tinto, el noble lúpulo de una cerveza, la piedra de un meteorito y un pedazo de barro del diluvio Noático!

Todo parecía fluir en el mismo sentido de espacio tiempo en dirección al agujero negro,
¡Como en una película tridimensional! 

Pero estaba ocurriendo en el parque, a media tarde, cuando las sombras se hacen múltiples debajo de la luz de las farolas.  

Al quitar las plantillas con arco y botón para pie plano, otro espacio tiempo se abrió y otros objetos siguieron por la curvatura de ese nuevo espacio y siempre en dirección al agujero negro: la raíz de un tilo, un mosquito vivo, un hormiguero habitado, una moneda 10 centavos, un alfiler oxidado, la escotilla con algas de un galeón español, un cuadro surrealista bidimensional, la letra Psique del alfabeto griego, el fantasma de Helena,  la hipotenusa de un triángulo rectángulo, la melodía de un piano de cola y el caballo de Troya. 

Y un “me gusta” de Facebook, el cuál curiosamente, no siguió la trayectoria de los demás objetos y quedó enganchado en el borde inferior  de una de las  plantillas entre el arco y el botón.
Decidí entonces arrojar esa plantilla en el espacio tiempo abierto en el parque y para mi sorpresa, la plantilla con el “me gusta” enganchado, no fue hacia el agujero negro, sino que siguió otra trayectoria, detrás del sapo verde,  que traga monedas, al costado de la cancha de bochas al lado del cartel –tenemos llaves encontradas- mas allá,  en el centro del parque,  un sapo bautizado delete, por los parroquianos  se tragó la plantilla con el “me gusta” enganchado entre el puente y el botón de las plantillas.

Desde mi blackberry,  me fijé en la papelera de reciclaje por las dudas que el sapo delete haya enviado allí esto que se había tragado, pero fue inútil, el icono informa: 0 elementos…   

Marcelo Ocampo

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